Publicado por en 4 Oct, 2016

Un cuento corto para quien quiera entenderlo

Un día, un señor fue a un sastre para hacerse un traje a medida. Era uno de los muchos sastres que había en la ciudad, pero alguien le recomendó precisamente a este por su buen hacer.

Cuando el sastre le preguntó qué necesitaba, el señor le dijo que quería un traje para una importante boda, que tuviese chaqueta, pantalón y un vistoso chaleco.
Con estas instrucciones el sastre le indicó al señor lo que le costaría hacer el traje, mediante un presupuesto detallado, y el señor le respondió que le llamaría al día siguiente para darle una respuesta y seguir adelante con el tema.

Al día siguiente, como así habían quedado, el señor llamó al sastre y le dijo que si podía hacerle algunos trajes para poder probárselos y ver si le convencía su forma de trabajar, antes de aceptar su presupuesto.
Por supuesto, el sastre le dijo que él no trabajaba así, y que no podía aceptar esas condiciones, a lo que el señor le respondió, que entonces el traje se lo haría un conocido suyo que algo sabía de costura.
–”Muy bien, no hay problema“, respondió el sastre.

Haciendo un traje a medida

Poco tiempo después…

Unas semanas mas tarde, aquel señor llamó de nuevo al sastre y le explicó que ya tenía su nuevo traje y que estaba muy contento con él. Sin embargo le gustaría hacer un par de arreglos menores, ya que su conocido no podía hacerlos en ese momento porque tenía mucho trabajo cavando una zanja. El sastre, como buen profesional, le dijo que se pasara por su establecimiento para explicarle los pormenores del encargo.
El señor llegó con su traje muy bien empaquetado. Era un traje muy vistoso. Con una bonita chaqueta roja con botones en amarillo, y unos preciosos ribetes en color plata. Unas solapas muy bien cosidas en color morado y 15 ojales para poder abrochar los 15 botones amarillos. Cada manga era de un color diferente. Muy bien cosidas y rematadas, eso si (se notaba que manejaba la máquina de coser estupendamente), pero cada una de ellas de una longitud distinta. Respecto al pantalón, el conocido lo había confeccionado con restos de tela que le habían sobrado de la chaqueta, con lo que había conseguido un precioso tejido patchwork muy acorde con el conjunto del traje. Como se le había acabado la tela, y aún le quedaba hacer el chaleco, su conocido lo había llevado a cabo con bolsas de plástico de Carrefour, que había planchado con sumo cuidado para que estuviesen bien lisitas.
Haciendo un traje a medidaAnte este panorama, el sastre le dijo al señor:
–Muy “bonito”, pero qué es lo que necesita arreglar?

El señor le dijo muy convencido:

Oh, poca cosa, el traje está muy bien, pero mi conocido no se dio cuenta de que el traje era para una ceremonia de boda balinesa en una isla tropical en el Océano Pacífico (tal vez no se lo dije), en la que este tipo de trajes no creo que estén bien vistos. Me gustaría que usted lo arreglara para tal ocasión. Simplemente cambie los tejidos que se han empleado para estar más cómodo con él, unifique los colores, investigue un poco para ver como son las ceremonias balinesas para no desentonar, cósalo todo de manera que los novios intuyan que mi propósito en la boda es desearles la mayor de las felicidades en su nueva vida de casados. También quisiera que confeccione algunos pequeños complementos para el traje, como por ejemplo un abrigo, algunas camisas de colores diferentes para ver cual queda mejor… no se, cositas que a usted se le ocurran.

El sastre, en su buen hacer y queriendo quedar bien con su cliente, le indicó que hacer todo lo que le pide sería rehacer por completo el trabajo y que incluir además todos los complementos que necesita, conllevaría un presupuesto adicional. Además, el sastre le indicó que según su experiencia, para una ceremonia balinesa ese no era un traje adecuado, y que debería pensar en algo totalmente diferente que incluyese plumas de ave del paraíso.  El señor se sintió ofendido ante tamaño despropósito y salió enfadadísimo del establecimiento del sastre. ¿¡Cómo que tenía que ir con plumas!?

Epílogo

Dos semanas después, el sastre, hojeando el periódico, leyó una extraña noticia en la que se comentaba el escándalo producido en una boda balinesa en una isla del Pacífico, donde un invitado insultó con su vestimenta a la familia real que celebraba una boda tradicional. Al parecer la tradición y las costumbres de la isla imponían un traje ceremonial con plumas de un ave autóctono, que no cumplía el “peculiar” atuendo del invitado. El invitado fue expulsado de la boda y de la isla. En la foto de la noticia, podía verse en primer plano al señor que le pidió un presupuesto y un posterior arreglo de un traje a medida para una boda, siendo perseguido por la familia real balinesa.

Moraleja:

Si acudes a un profesional, es porque necesitas un profesional. Si no te gustan sus ideas, consejos o precio, eres libre de acudir a quien más te convenza… aunque seguramente los resultados no sean los mas adecuados.

Dedico este cuento a todos aquellos profesionales creativos de cualquier ámbito, que en ocasiones sufren la ignorancia –casi siempre involuntaria– de sus clientes.